viernes, 30 de marzo de 2012



      ¿Qué pensarán los extranjeros cuando visitan mi ciudad? Los veo pasear con sus mapas en las manos y sus cámaras colgadas mirando asombrados a la Giralda cuando van bajando por la calle Mateos Gago hacia la plaza Virgen de los Reyes, notando en el aire el olor suave de los azahares que comienzan a florecer en esos naranjos que les hacen el pasillo. Al llegar a la plaza, el sonido de los caballos piafando sobre los adoquines, y la Giralda majestuosa  y triunfal erguida tras ocho siglos. ¿ Quizá fantaseen como yo, pensando en las historias vividas a sus pies?, ¿les rondarán los fantasmas de los mercaderes alrededor de la catedral ofreciendo sus servicios?
      Y si continúan hacia la Plaza del Triunfo, sabrán ellos de su significado, del triunfo sobre el terremoto, de la vida y la esperanza sobre el miedo a las fuerzas indomables de la naturaleza con el que se levantaron los sevillanos aquel 1º de Noviembre, con el sonido de las campanas tañendo solas y los espíritus de Stas. Justas y Rufina (dicen) sosteniendo su Giralda, ironías de la vida, durante una misa de difuntos.
      Y qué decir del continuo serpentear de sus callejuelas con los sonidos suaves de unas cuerdas de guitarra, o de algún acordeón con que los músicos callejeros les acompañan durante el paseo. Calles empedradas  y estrechas que les hacen descubrir pequeñas plazas envueltas en el silencio, con el único sonido del repiqueteo del agua en una fuente o el canto de los pájaros en los naranjos, como en esa plaza de Dª Elvira. Y esas calles de nombres ensoñadores como Vida, Aire, Judería o ese Callejón del Agua, donde las casas aún conservan puertas imposibles con grabados centenarios y mágicas leyendas.
     ¿Qué pensarán los forasteros cuando visitan mi ciudad?. Se habrán enamorado alguna noche a las orillas del Guadalquivir, habrá alguno recordando desde su casa el beso que robó a una sevillana sentando en un banco a los pies de la Torre del Oro en una noche clara de Abril, con la luna rielando sobre el río
      No es fácil saber si estos pensamientos les cruzan por la cabeza cuando pasean por mis calles.¿Será eso lo que piensan ellos de mi cuando yo paseo por las suyas?